sábado, 12 de marzo de 2011

Herman Webster Mudgett



El Dr. Holmes, cuyo verdadero nombre era Herman Webster Mudgett, nació en 1860 en Gilmanton, en una honrada y muy puritana familia de New Hampshire.


La exposición de 1893 se estaba preparando y debía atraer a Chicago una muchedumbre considerable, entre la cual habría, por supuesto, multitud de mujeres guapas, ricas y solas. Ingeniosamente, Holmes decidió por lo tanto aprovechar aquella situación. Gracias a una serie de hábiles estafas adquirió un terreno y emprendió la construcción de un enorme hotel con aspecto de fortaleza medieval, cuya disposición interior concibió él mismo.

Las habitaciones contaban con trampas y puertas corredizas que desembocaban en un laberinto de pasillos secretos, en las paredes de estos pasillos había mirillas disimuladas por donde el doctor observaba a las desprevenidas huéspedes deambular, debajo de los pisos de madera instaló una conexión eléctrica que le permitía, mediante un panel indicador instalado en su oficina, rastrear a sus futuras víctimas. Manejaba, además, los grifos de gas que, conectados a las habitaciones le permitían matar a varias mujeres sin moverse de su lugar.

Este aberrante ingenio estuvo finalizado año antes de que se inaugurará la exposición, un día de mayo de 1893 y el Dr. Holmes puso en funcionamiento su casa de la muerte llevando a ella y a todas las jóvenes solas y ricas que conocía en la Feria, trataba que fueran de estados alejados a Chicago, para evitar la visita de amigos y familiares. Muchas eran llevadas al lugar con la promesa de matrimonio y luego eran forzadas por tortura a firmar poderes en su favor, cediéndole toda la fortuna. Otras eran asesinadas para cobrar los seguros.

En el truculento hotel, las víctimas eran violadas, torturadas y asesinadas, luego los cuerpos eran transportados por montacargas hasta, los sótanos donde eran disueltos en grandes piletas con ácido sulfúrico, o convertidos en polvo en una gran estufa, o sumergidos en cal viva.

Todo estaba preparado para satisfacer sus instintos sádicos; había construido una habitación donde se encontró gran cantidad de herramientas de tortura, entre ellas una máquina par, hacer cosquillas en los pies con la cual mataba de risa a sus víctimas.

Antes de deshacerse de los cuerpos, en muchas oportunidades los desmembraba despellejaba para luego experimentar con ellos.

 Por: Aarón Lugo

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada